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Por una alimentación sana y para todos, apoyo a la agricultura ecológica.

agricultura sostenible

Con el objetivo de fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre y la desnutrición y concientizar a los pueblos del mundo sobre el problema de la alimentación, hace 35 años un día como hoy, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), promulgó el Día Mundial de la Alimentación.

Hoy el reto sigue siendo atender el problema del hambre con una visión de justicia social y respeto a los ecosistemas. Lamentablemente, desde el inicio de la Revolución Verde en la década de los 40, los gobiernos han sido incapaces de ampliar su visión sobre el modelo de agricultura que requiere el planeta y la gente.

Hasta ahora el modelo de producción de alimentos que impera en el mundo es el de la agricultura industrial, enfocado únicamente en cumplir con la avariciosa meta de las grandes corporaciones que pretenden extraer el máximo valor posible de la tierra a corto plazo, explotando, contaminando, alterando el equilibrio ecológico en el campo, sin contemplar las consecuencias a futuro. Obtener más ganancias, a costa de lo que sea, podría ser su lema.

Esta visión convierte a la agricultura -una de las actividades más nobles de la humanidad- en un gran negocio cuyo objetivo no es alimentar a la humanidad, sino controlar la producción de alimentos y enriquecer a unos cuantos, en menoscabo del medio ambiente, la justicia social y la salud de los consumidores.

Dicho modelo pone en riesgo el acceso a alimentos saludables a largo plazo al desplazar una amplia gama de cultivos: maíz, chile, frijol, calabaza, y muchas plantas más, que son la verdadera base de la cocina tradicional mexicana, la cual ha sido reconocida como patrimonio intangible de la humanidad.

Este patrimonio culinario basado en la riqueza y diversidad de alimentos producidos por manos campesinas, está amenazado por las empresas de transgénicos que buscan fortalecer sus negocios y perpetuar el modelo de agricultura industrial que depende de los hidrocarburos, que favorece el uso de agrotóxicos y fomenta el uso de transgénicos.

Ellos, los promotores de la agricultura industrial, están intentando todo para perpetuar su modelo y no les importa violar la ley y los mandatos judiciales. Las empresas de transgénicos que están impulsando la siembra ilegal de sus semillas genéticamente modificadas, pretenden aplicar en nuestro país la estrategia que utilizaron en otros como Uruguay y Brasil: Legalizar lo ilegal.

Recientemente organizaciones y comunidades de Campeche denunciaron la presencia de soya transgénica en sus campos a pesar de que un juzgado otorgó amparo a campesinos y apicultores ordenando dejar sin efecto, por tiempo indefinido, el permiso de liberación comercial de soya genéticamente modificada tolerante al herbicida glifosato, otorgado por la secretaría de Agricultura con el aval de la de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Nuestros productores campesinos y apicultores ya denunciaron.

¿Qué deben hacer ahora las autoridades? En lugar de tratar de justificar el uso de los transgénicos deben respetar la ley y escuchar las voces de los campesinos y los científicos que han alertado sobre los riesgos de las semillas genéticamente modificadas, sin duda, las autoridades deben transitar hacia una agricultura ecológica sostenible a largo plazo, rica, diversa y social y ambientalmente justa.

Y a nosotros ¿qué nos toca hacer? Todos debemos apoyar a nuestros campesinos, ellos nos alimentan con el fruto de sus manos… demos voz, hagamos eco de sus demandas y pugnemos juntos por agricultura ecológica y alimentos campesinos.

Es tiempo de solidaridad, es tiempo de actuar.