Del océano al grifo, la contaminación del agua nos afecta a todos

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¿Alguna vez te has preguntado dónde va a parar el vaso de plástico que has utilizado en la última reunión de amigos si no se recicla adecuadamente? ¿O qué se hace con cada popote que terminamos de usar?

Hablamos de la contaminación del agua: los océanos y los mares que nos rodean se ha convertido en un gran vertedero de plásticos y son un problema que se ve agravado con las consecuencias que tiene para la calidad del agua pero también para los animales y plantas que viven en ellos.

Según el último informe de Greenpeace, «Plásticos en los océanos», se estima que entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada año océanos (equivalente al peso de 800 torres Eiffel, suficientes para cubrir 34 veces la isla de Manhattan o el peso de 14.285 aviones Airbus A380), y el Mediterráneo es uno de los mares más contaminados del mundo.

Pero hay más. Cada segundo más de 200 kilogramos de basura van a parar a los océanos, y ya hay cinco islas de basura formadas en su gran mayoría por microplásticos, algo similar a una «sopa»: dos en el Pacífico, dos en el Atlántico, y una en el Índico. Y casi todo, un 80 por ciento, procede de los continentes terrestres. Se estima que para el año 2020 se superarán los 500 millones de toneladas anuales, un 900 por ciento más que en la década de los 80.

Esos microplásticos no son todos iguales, de hecho hay de muchas clases, aunque el mercado está dominado por cuatro tipos principales: polietileno, como las bolsas de plástico, las botellas o las microesferas de las que están hechos los cosméticos, el poliéster, con el que se hacen por ejemplo,las prendas de ropa, el polipropileno, el material del que están hechos los electrodomésticos, los muebles de jardín o los componentes de vehículos, y el cloruro de polivinilo, que se puede ver en las tuberías, ventanas, etc.

El problema surge cuando nos preguntamos adónde van esos plásticos cuando nos deshacemos de ellos. Lo adecuado sería que terminasen en un vertedero, ser incinerado o reciclado. Pero no siempre es así y muchos de ellos acaban flotando por las vías fluviales y de ahí a que lleguen a los océanos solo hay un paso.

Pero ¿por qué es tan dañino que haya millones de toneladas flotando o sumergidas en las grandes masas de agua de nuestro planeta? Aparte de que son uno de los contaminantes que más se han extendido en apenas 100 años, provocan efectos tan tóxicos en los organismos marinos que están rompiendo la cadena trófica, tan importante para mantener el equilibrio de mares y océanos.

Y lo malo es que el problema va mucho más allá. El ciclo del agua, ése tan necesario para la vida en la Tierra, ya está afectado. Desde el océano, las nubes, las montañas, los ríos, y por supuesto, hasta el vaso de agua que llenas del grifo, tienen ciertos grados de contaminación.

Según un estudio de la organización periodística «Orb Media», ocho de cada diez muestras de agua potable recolectadas en 159 lugares del mundo (desde EEUU a Ecuador pasando por la India, Europa e Indonesia) contienen fibras de plástico microscópicas. Y lo más importante de todo: los científicos sospechan que las fibras plásticas detectadas en el agua del grifo podrían transferir sustancias tóxicas al cuerpo cuando son consumidas por los seres humanos.

Y si las partículas de plástico están en el agua de grifo, también pueden estar en muchos de los alimentos que comemos a diario, como el pan y la pasta o en las sopas.

El mundo produce 300 millones de toneladas de plástico cada año. Más del 40% se usa una sola vez (a veces por menos de un minuto), y se desecha. Pero el plástico persiste en el medio ambiente durante siglos.

La contaminación del agua no solo del plástico

Pero la contaminación del agua también procede de otras sustancias tóxicas. Los pesticidas, herbicidas y fertilizantes de la agricultura intensiva se filtra en la tierra y terminan contaminando los acuíferos y ríos que finalmente llegan al mar. Los purines de las grandes explotaciones ganaderas (porcino y vacuno principalmente) también son altamente contaminantes, y al igual que los tintes utilizados en la industria textil, los químicos, los metales pesados, materiales radiactivos y ciertos productos para el hogar son hallados incluso en el interior de los organismos de los animales marinos.

Para frenar la contaminación del agua es necesario poner en marcha algunas soluciones. En su estudio, la organización ecologista Greenpeace propone varias medidas.

La primera y más importante es reducir el consumo, algo que considera responsabilidad de todos. Pero en el caso de la contaminación por plásticos también propone prohibir el uso de microesferas de plástico, fomentar medidas basadas en la economía circular, evitar las bolsas de plástico de un solo uso utilizando bolsas de tela, cestas o carros y depositar los residuos plásticos en el contenedor adecuado, entre otras.