El costo de la información en la agricultural, la industria y la informática

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Por:  Carlos Gershenson

Se han identificado tres grandes revoluciones en nuestra especie: de la agricultura, de la industria y de la informática. Podemos decir que nos han permitido controlar la materia, la energía y la información, respectivamente.

La agricultura transformó nuestras sociedades al permitir la formación de ciudades.

La revolución industrial de nuevo transformó las sociedades, acelerando la producción y generando nuevas formas de vida.

La revolución informática que estamos viviendo también nos está transformando, acelerando todavía más los cambios sociales.

Actualmente, las empresas y personas más ricas del planeta basan sus negocios en tecnologías de la información. Esto no quiere decir que la materia y la energía no tengan una importancia económica. Pero hay una diferencia muy importante. Tanto materia como energía se rigen por leyes de conservación.

En otras palabras, el valor que se puede obtener de ellas es proporcional al trabajo necesario para extraerlas, procesarlas, transportarlas y almacenarlas.

Por otra parte, la información no se rige por leyes de conservación. Esto implica que se puede extraer valor “del aire”, lo cual ha permitido a algunas compañías tener tasas de crecimiento nunca antes vistas.

¿Qué tan factible sería extender este principio a todo un país y en particular a México?

La idea es tentadora: en principio, con poca inversión (comparada con la extracción o procesamiento de recursos naturales) se podría generar un crecimiento económico importante y sostenible. Áreas de oportunidad incluyen el desarrollo de software y diversas artes, donde el valor principal está en la información. Pero es claro que este crecimiento no se dará por sí mismo. ¿Qué podemos hacer para impulsarlo?

Para que un país tenga una economía de la información creciente, se necesita que haya una formación de recursos humanos especializados, emprendedores, inversión y empresas creativas e independientes.

En México tenemos todo esto, pero no es suficiente: perdemos mucho talento por fuga de cerebros, los emprendedores sólo se han propagado recientemente, la inversión no llega a ver demasiados retornos y las empresas crecen con dificultad. ¿Qué nos falta?

No sólo son necesarios los elementos, sino su organización y sus interacciones. Como en un ecosistema, si sólo se plantan árboles en un terreno erosionado, se morirán, ya que un bosque es mucho más que árboles. Se necesitan insectos, aves, mamíferos, otras plantas, hongos y bacterias para crear las condiciones que permitan que crezca un bosque saludable.

Lo mismo una economía: no es suficiente inyectar recursos o formar recursos humanos. Es necesario un ecosistema, como el que se ha logrado con la industria automotriz.

Para atender las necesidades de una fábrica alemana en Puebla, se crearon empresas que fabrican partes. Pero estas empresas necesitan otros insumos, lo cual fortaleció a la economía regional. Al haber varias compañías que podían sostener a la fábrica, se dieron las condiciones para que otras compañías automotrices abrieran fábricas en México.

Dado este ecosistema, me extraña que no tengamos una automotriz mexicana.

Es necesario generar un ecosistema que promueva y facilite la generación de valor basado en la información. Este ecosistema debe promover una evolución rápida de ideas y negocios.

No es tanto el “falla rápido” de Silicon Valley, ya que algunas ideas requieren tiempo para madurar. Se necesita diversidad y exploración (mutación) mientras se mantiene un crecimiento basado en cimientos sólidos.

En otras palabras, hay que encontrar un balance entre aprovechar lo que ya funciona e innovar en el espacio de lo que todavía no funciona. Se requiere de una coordinación entre Gobierno, empresas, academia y sociedad.

No será de un día para otro, así es que hay que empezar ya.

El autor es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México.

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