Quince principios para la planificación ecosistémica de las ciudades

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En la economía de un ecosistema nada escapa a nada, todo está relacionado: conceptos como pagar a terceros países por nuestra contaminación pertenecen a la historia universal de la infamia. También los ecosistemas de las ciudades —donde pronto vivirá el 70% de la población mundial— están profundamente enfermos.

La primera necesidad sería reformular la compacidad y la compresión de las ciudades actuales, corregir la aglomeración, por ejemplo en altura, y restablecer el equilibrio urbano, lo que se traduce en más espacio público, más espacio exclusivo para peatones, paseos, plazas, zonas verdes. Más ciudad y menos vías, que sería el tercer principio: reducir la movilidad privada (la reina del mambo: las ciudades actuales son propiedad de los coches no de las personas; los coches tienen todos los privilegios de uso, mandan y condicionan toda la ciudad). “El porcentaje de viajes en coche debe reducirse a la mínima expresión”, dice la Carta. La alternativa es el transporte público, el cambio de hábitos, y un cambio estructural: las supermanzanas.  Importante considerar principios para la planificación ecosistémica de las ciudades.

La Supermanzana como nueva célula urbana

“Las Supermanzanas —tomo la definición de la Agencia de Ecología Urbana de BCN— son células urbanas de unos 400 por 400 metros, en cuyo interior se reduce al mínimo el tráfico motorizado y el aparcamiento de vehículos en superficie, y se da la máxima preferencia a los peatones en el espacio público. En torno a las supermanzanas hay unas vías perimetrales, para el tráfico motorizado, mientras las calles interiores se reservan al peatón y, en condiciones especiales, a cierto tipo de tráfico como vehículos de residentes, servicios, emergencias, carga y descarga”.

El modelo de la supermanzana ya ha sido contrastado en el barrio de Poblenou, en Barcelona, y en Vitoria-Gasteiz, con un revolucionario plan de movilidad que redefine los usos y derechos del espacio público, atribuidos con tanto exceso al coche (“más del 80% del espacio público de las ciudades se destina a los coches”), en favor del ciudadano, que recupera su condición de centro del ecosistema.

Que es el objetivo principal del Urbanismo Ecosistémico y de la Carta para la Planificación Ecosistémica de Ciudades y Metrópolis: situar a las personas en el centro del ecosistema y copiar las eficientes y sostenibles leyes de la Naturaleza, por ejemplo, haciendo ciudades verdes. Pero de ello hablaremos la próxima semana.