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La ciudad coreana de Songdo, Sede del Fondo Verde de la ONU

La ciudad surcoreana de Songdo será la sede de la Secretaría del Fondo Verde de la ONU, cuyo objetivo es ayudar a los países en desarrollo a disminuir sus emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático.

La ciudad alemana de Bonn era, además de México, una de las fuertes candidatas a alojar este importante instrumento de la ONU. Desde Songdo se ayudará a los países en desarrollo a promover la industria limpia.

El secretariado del Fondo Verde para el Clima de Naciones Unidas decidió hoy en Corea del Sur que la sede de la institución estará en el nuevo barrio comercial de Songdo, en la ciudad costera surcoreana de Inchon, con lo que dejó fuera de la carrera a México.

Los otros candidatos eran Bonn, en Alemania, Ginebra, en Suiza, y ciudades de Namibia y Polonia. La decisión tiene que ser refendada aún en la conferencia sobre el clima de la ONU en Doha (Qatar), pero su aprobación se da por hecha.

El objetivo del Fondo es ayudar a los países en desarrollo y emergentes a instituir una industria que no impulse el cambio climático.

Como instrumento central de la lucha contra este problema se instaurará a partir de 2020 un fondo al que fluirán al año unos 100.000 millones de dólares (casi 77.000 millones de euros), aportados por los países industrializados y la economía privada.

La creación del Fondo fue uno de los pocos resultados tangibles de la conferencia mundial sobre cambio climático de Copenhague en 2009.

La decisión fue adoptada hoy por consenso por parte de los miembros del Consejo del Fondo, reunidos en Ginebra, y tendrá que ser ratificada por los Estados miembros de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, que se reunirán en Doha entre el 26 de noviembre y el 7 de diciembre próximos.

La creación del Fondo Verde fue adoptada en la conferencia del clima de Cancún (México) en 2010 y ratificada en la conferencia de Durban (Sudáfrica) el pasado mes de diciembre.

El Fondo Verde debe gestionar y promover la financiación de proyectos para los países emergentes a partir de 2013 y hasta 2020, año a partir del cual los Estados desarrollados tendrán que aportar anualmente 100.000 millones de dólares, algo a lo que se comprometieron en la Conferencia de Copenhague en 2009.

Sin embargo, en Durban no se logró ningún avance concreto sobre la manera de financiar este fondo, sobre todo después de que EE. UU. expresara sus reticencias a la creación de un mecanismo multilateral y abogara por la implicación financiera de los países beneficiados.

El Consejo del Fondo no informó hoy de si se han producido avances en este terreno.

La propia composición del consejo ejecutivo del Fondo ha sido muy complicada, ya que debía incluir a representantes de 24 países: 12 desarrollados y 12 en vías de desarrollo.

Los representantes de los Gobiernos, nombrados para un periodo de tres años, son en su mayoría altos cargos de los ministerios de Finanzas, Medio Ambiente y Ayuda al Desarrollo.

África está representada por Benin, Sudáfrica y Egipto; Asia por China, Indonesia y la India, y América Latina por Belice y México.

Por parte de los países industrializados acuden Australia, Dinamarca, Francia, Alemania, Japón, Noruega, Polonia, España, Rusia, Suecia, el Reino Unido y Estados Unidos.

El Banco Mundial, que gestiona numerosos fondos de inversión en favor del clima, es el encargado de administrar provisionalmente los aspectos financieros del Fondo hasta que se alcance una mayor concreción acerca de las modalidades y las cantidades a aportar.