Cómo controlar el grava problema de los residuos peligrosos

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Teléfonos móviles, libros electrónicos, cámaras digitales, ordenadores, tabletas, microondas, portátiles, televisiones, secadores de pelo, maquinillas de afeitar, juguetes infantiles, consolas de videojuegos y demás artilugios electrónicos acaban cada año en la basura. Esto supone un enorme peligro para la salud y el medio ambiente.

Todos estos aparatos están confeccionados con residuos peligrosos: plomo, mercurio, cadmio o el zinc pueden ser una fuente contaminante a largo plazo si no se reciclan de forma adecuada.

Tenemos una necesidad tecnológica. Las novedades aparecen muy rápido y queremos tener la última versión a un precio muy bajo. Esto provoca que la calidad de los electrodomésticos sea baja y se estropeen rápido y que el propio ensamblaje no permita reparaciones y sea más económico sustituirlo por uno nuevo.

Este problema está en aumento: en el 2000 se produjeron unos 10 millones de toneladas de residuos electrónicos, ahora está alrededor de los 50 millones. Para que nos hagamos una idea es el equivalente a ocho veces el peso de la pirámide de Guiza, en Egipto.

Esto quiere decir que cada habitante del planeta genera una media de siete kilos de basura tecnológica. La previsión de las Naciones Unidas para los próximos tres años es de la subida de un tercio en esta cifra.

La basura per cápita producida varía según la riqueza y consciencia ambiental de cada país, y va desde los 63 kilos que genera un catarí, pasando por los casi 30 de un estadounidense, los 23 de un alemán, los 18 de una español, los 9 de un mexicano, los 7 de un brasileño o los 620 gramos de un maliense.

El problema afecta a todos los países independientemente de la riqueza porque en el mundo rico tampoco se recicla lo suficiente, falta concienciación sobre el problema.

Además, los electrodomésticos más antiguos contienen componentes de gran valor, como oro, plata y platino, materiales que se utilizan por su estabilidad y capacidad conductora

 

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