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Por qué es importante Qué son las bolsas sean biodegradables o compostables y qué significa esto exactamente

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El químico Bernardo Borkenztain explica por qué es importante que las bolsas sean biodegradables o compostables y qué significa esto exactamente.

Los supermercados y comercios comenzaron a cobrar las bolsas a cuatro pesos, pero lo hicieron casi tres meses antes del plazo establecido por la ley, ¿Qué significa esto? Que están cobrando a ese precio un producto que no corresponde, ya que estas bolsas no son amigables para el medioambiente (además de ser más baratas).  Para esclarecer la diferencia entre unas bolsas y otras, y lo importante que es para el medioambiente, el divulgador y químico Bernardo Borkenztain, explica a detalle lo siguiente.

Hechos bolsa

Es claro que el tema de la contaminación es un problema a nivel global, y en ese tema, los plásticos son el archienemigo (no el único, pero ciertamente el más difundido), en especial porque existe un doble discurso con respecto a su uso, ya que, si bien casi todos sabemos que es malo, no nos privamos de hacerlo.

El tema es que, con una vida útil de 150 a 400 años (nada despreciable en términos de durabilidad) se están acumulando en los cursos de agua, donde interfieren con la calidad de la misma e incluso con la vida de los animales; no solamente a nivel macro, con mortandad de peces reptiles y mamíferos como las ballenas, sino a un nivel micro también con concentraciones a nivel de los tejidos de los plásticos o productos de degradación.

Los números varían según la fuente, pero es claro que hoy la cantidad de plásticos flotando en los océanos se mide en el orden de los cientos de toneladas. Solamente en Uruguay (hasta hoy) se usaban más de mil millones de bolsas al año (insistimos: el número refiere solo a bosas, hay que sumar botellas, cubiertos descartables, etcétera) lo cual generó un problema para el que se dispuso un paliativo: el uso de bolsas descartables compostables y que además se deben cobrar al usuario final, pero ¿qué son estas bolsas? ¿En qué se diferencian?

El tema remite a unos compuestos llamados “bioplásticos” que presentan ventajas ecológicas en su uso con respecto al polietileno clásico de las bolsas comunes. Para su fabricación se utilizan materiales no derivados del petróleo (aunque pueden mezclarse con los tradicionales en diferentes porcentajes) como el almidón de papa o yuca, y el alcohol polivinílico. De hecho, algunas como las hechas con este último material se disuelven en agua dejando un residuo – en teoría – no problemático para el medioambiente.

El problema que aparece es que se utilizan un cierto número de términos que para personas sin formación técnica pueden ser confusos, así que veremos algunos de ellos para clarificar las aguas (1).

La primera confusión que aparece es el uso indiscriminado de los términos “biodegradable” y “compostable”, que son las propiedades que deben tener los residuos en general para no ser un problema ecológico.

El primero, biodegradable, significa que el producto puede descomponerse en condiciones naturales, por la acción de microorganismos, y transformándose en sustancias no contaminantes como nutrientes, dióxido de carbono, agua y lo que se conoce como “biomasa” (los propios microorganismos) (2).

Si a prácticamente cualquier producto se le da el tiempo suficiente se va a degradar, pero si ese tiempo que hay que esperar se mide por siglos, no se puede considerar a todos los efectos prácticos como biodegradables, por lo que la escala temporal es esencial en este caso.

El segundo hace referencia a un modo especial de biodegradación, que es la que ocurre en presencia de oxígeno (3)  y que genera dióxido de carbono y compost, un compuesto de aspecto terroso, libre de olores y patógenos, y que se usa como abono de plantas.

Este procedimiento puede hacerse cargo de la disposición de los bioplásticos, pero solamente en plantas industriales de compostaje, ya que en las artesanales o domésticas el tema de la oxigenación y de un aspecto técnico relevante como la relación de la cantidad entre nitrógeno y carbono no pueden regularse. Los ácidos llamados “húmicos” solo pueden generarse en medio aeróbico (oxigenado) e incluso las plantas industriales a las que nos referíamos (en Uruguay de porte hay solo tres) tienen problemas por el elevado costo de la electricidad. De hecho las certificaciones se diferencian en “aprobado para compostar” (en planta industrial) o “aprobado para compostar doméstico” que significa que no requiere las condiciones controladas a las que aludíamos.

En esas condiciones, las bolsas compostables, fabricadas con los elementos a los que nos referíamos, bajan su tiempo de descomposición a semanas y no se producen compuestos dañinos en el proceso.

Es muy importante diferenciar el concepto de biodegradación del de degradación simple, que puede ser por mecanismos químicos como la oxidación (oxidegradación) o físicos como la acción de la luz (fotodegradación). El problema de estos mecanismos, que afectan incluso a los plásticos más recalcitrantes, es que no son inocuos, producen gases de efecto invernadero como el metano o el etileno, y además microplásticos que son dañinos para la fauna hídrica.

Por lo anterior y como veníamos viendo, hay dos tipos de compuesto aptos para estos medios ecológicos de disposición final: por un lado, los plásticos hidrosolubles, que se disuelven en agua dando productos no tóxicos en el proceso, como las producidas con mezclas de ácido y alcohol polivinílicos (a esta categoría corresponden las bolsas biodegradables). Por el otro los bioplásticos, que provienen de fuentes naturales renovables y que para ser aptos deben ser compostables (a esta categoría, evidentemente, corresponden las bolsas compostables).

Lo ideal es que sea el que sea, se obtenga a partir de productos renovables, que pueden ser producidos a bajo impacto ecológico como el almidón de papa o yuca, y por procesos sostenibles, es decir que no afecten la huella de carbono (forma de medir las emisiones de gas) ni generen muchos subproductos en el camino.

Es claro que se inicia una nueva etapa; veremos qué tal resulta.

(1) Es importante aclarar que casi todos estos términos refieren a cuando un plástico se vuelve un residuo, no cuando se lo usa; por ejemplo, una muñeca o plato, no pasan a ser un problema hasta luego de que son descartados.

(2) Esto se define en normas técnicas supranacionales, como la europea: UNE-EN 13432, que define la biodegradabilidad final como: “Descomposición de un compuesto químico orgánico por microorganismos en presencia de oxígeno para dar dióxido de carbono, agua, sales minerales en cualquier elemento presente (mineralización) y nueva biomasa; o bien en ausencia de oxígeno para dar dióxido de carbono, metano, sales minerales y nueva biomasa”. También hay normas ASTM; ISO; etcétera.

(3) A diferencia de lo que pasa en los vertederos que se lleva a cabo sin oxígeno en un proceso llamado “anaerobio” y que genera metano (un gas de efecto invernadero como producto de descomposición y no puede atacar compuestos como celulosa o lignina, por lo que es menos eficiente y más contaminante.