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Para un buen donativo: acércate lo suficiente

Por:  Jerry Panas| Linzy & Partners

En el mundo actual las comunicaciones hacen todo por conectarnos más a la globalización de manera virtual, pero en todas las culturas aún existen formas que hacen necesario el acercamiento personal. Yo mismo tendré la suerte de probarlo, ahora que nuevamente visite México, acercándome a distintos grupos y escuchando sus inquietudes por llegar a las metas propuestas.

El capítulo cuatro de mi libro traducido y editado en español, PIDIENDO…CRECES, es un ameno relato que muestra en corta escala todo lo que tú puedes obtener cuando con persistencia y dedicado trabajo, te acercas al donante para lograr tu cometido con éxito.

NUNCA OBTENDRAS LECHE DE UNA VACA, ENVIANDOLE UNA CARTA

Acababa de terminar mi presentación en la conferencia y según yo, éste había sido uno de mis mejores días. Tuve una magnífica respuesta de grupo, reían con mis anécdotas y cerré magistralmente con algo que sonaba tan bien como la mismísima Obertura 1812 de Tchaikovsky.

La gente se puso de pié y aplaudía. ¡Recibí una verdadera ovación! Era un momento mágico. Como diría Tennessee Williams: “¡Sentí, que acababa de ganarme el cielo!”

En cierto sentido, esta es la clase de personas a las que yo aprecio: un grupo de Adventistas del Séptimo Día, líderes institucionales de todo el mundo: CEOs, profesionales del máximo rango, directores de hospitales, colegios y escuelas, todos ellos en una conferencia como para 500 personas en total.

He conducido tantos programas para esta Iglesia que casi me siento como un Adventista más
(quizá me convirtiera en uno de ellos, si no fuera por la prohibición de tomar café).

Cuando los aplausos terminaron, el Maestro de ceremonias, Milton Murray se levantó para agradecerme.

“Jerry, significas tanto para todas las instituciones de nuestra Iglesia, que hemos decidido hacer algo especial para ti.

Nombraremos una silla en tu honor.”

¡Una silla! Una silla con mi nombre, en mi honor. Me quedé atónito. Sabía que tenía que responder de alguna manera, pero conforme echaba mi silla para atrás, no tenía ni idea de que iba a decir. Tenía la mente en blanco. Todo lo que podía pensar era aquel dicho de: “No quiero queso… sino salir de la ratonera.”

Milton continuaba hablando mientras yo caminaba hacia el podium para recibir el presente en mi honor.

“Bueno, esto no es precisamente una Silla,” Milton dijo, mientras detrás de una mesa sacó un banquillo y lo sostuvo por encima de su cabeza unos minutos.

Miré a Milton sosteniendo el banco. (pensé “Dios, ¿Qué es todo esto?”)
Esto es justamente lo que parece Jerry, un banquillo para ordeñar y lleva una placa de bronce con tu nombre. Recíbelo en tu honor por todo lo que nos has enseñado y guiado tan bien.”

En ese momento yo ya estaba en el podium. Milton con un fuerte apretón de manos me felicitaba, mientras miraba la placa diciendo: “Lleva inscrita una ordenanza del gran maestro de nuestra profesión, Sy Seymour que dice: “Nunca obtendrás leche de una vaca enviándole una carta, ni tampoco obtendrás leche llamándola por teléfono. La única manera de sacar leche de la vaca es sentándose junto a ella y ordeñándola.”

Dejemos que las palabras de Seymour sean una enseñanza para todos. Recuérdalo bien, nunca obtendrás un donativo, sin importar su tamaño enviando una carta; ni tampoco tendrás ese donativo con tan solo una llamada telefónica, si lo que quieres es una cantidad considerable.

Para conseguir un donativo en el nivel adecuado, necesitas llamar e ir en persona a ver a tu prospecto.

¡Siéntate junto a él y ordeña!