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¿ Qué es la biodiversidad y que relación tiene con nuestra alimentación?

agricultura sostenible

Biodiversidad es una palabra reciente –usada por vez primera en 1986, en Washington, por el entomólogo Edward O. Wilson–, un término un tanto complejo que, desafortunadamente, solo suele despertar el interés de unos pocos y que son generalmente los mismos que se ocupan del tema (ambientalistas, biólogos, agrónomos…).

En realidad debería ser un asunto sencillo de abordar, porque no es más que la diversidad de la vida a muchos niveles, desde el más simple (genes y bacterias) hasta, ascendiendo gradualmente, las especies animales y vegetales, o los niveles más complejos (los ecosistemas). Todos estos niveles se entrecruzan, se influencian mutuamente y evolucionan. Algunos estudiosos de la Universidad de Stanford han comparado las especies y las variedades de un ecosistema con los remaches que mantienen a un avión unido. Al principio, no pasaría nada en el caso de que alguno de estos remaches se cayera. El avión continuaría funcionando, pero la estructura se debilitaría poco a poco, hasta el instante en que quitando un solo remache más, se provocaría la precipitación del avión (Ehrlich, Ehrlich, The Rivet Poppers, 1981)

La biodiversidad es nuestro seguro de futuro ya que permite a las plantas y a los animales adaptarse a los cambios climáticos, a los ataques de parásitos y enfermedades, a dificultades imprevistas. Un sistema biológicamente variado porta en sí anticuerpos para reaccionar a los organismos dañinos y restablecer su propio equilibrio. Un sistema basado en un número restringido de variedades, por el contrario, resulta mucho más frágil. El episodio más famoso al respecto, es la hambruna irlandesa de mitad del siglo XIX (la hambruna de las patatas): a partir de 1845 un hongo comenzó a atacar las patatas, destruyendo todas las cosechas durante varios años y provocando la muerte o la emigración hacia Estados Unidos de millones de personas. Un suceso de tal calibre fue posible al haberse cultivado una única variedad de patata en todo Irlanda, variedad que resultó vulnerable a la enfermedad. La resistencia que permitiría reforzar a las patatas irlandesas fue individualizada entre los millares de variedades que se cultivaban en Los Andes y en México. Sin biodiversidad las patatas no serían hoy uno de los principales cultivos del mundo. Este episodio fue la primera advertencia de la naturaleza a los seres humanos sobre los peligros de la uniformidad genética.

En la historia de nuestro planeta todo ha tenido un origen y un fin y, en cada época, se han extinguido muchas especies. Pero jamás a la velocidad impresionante de estos últimos años. Una velocidad mil veces superior a la de épocas precedentes. En un siglo han desaparecido más de 250.000 variedades vegetales

¿Qué le sucede a nuestra alimentación si desaparece la biodiversidad?

Según la FAO el 75% de las variedades vegetales se ha perdido hoy de forma irremediable. En Estados Unidos se alcanza el 95%. Hoy el 60% de las calorías básicas para la alimentación humana proviene de tres cereales: trigo, arroz y maíz (Fao, The State of the World’s Plant Genetic Resources for Food and Agriculture, 1996). Pero no de los millares de variedades de arroz seleccionadas por los agricultores que se plantaban en India y China. Ni tampoco de las miles de variedades de maíz que se cultivaban en México, sino de poquísimos híbridos seleccionados y vendidos a los agricultores por un puñado de multinacionales.

La industrialización, en efecto, es enemiga de la biodiversidad: la agricultura industrial necesita uniformidad y alta productividad, es decir, monocultivos. De esta forma, a partir de los años cincuenta la producción agrícola ha sido orientada progresivamente hacia un número cada vez más restringido de especies y variedades, creadas para responder a las exigencias del mercado global, indiferentes al vínculo con territorios específicos pero con capacidad de dar una buena producción en el mayor número posible de ambientes y climas, con una buena resistencia a manipulaciones y transportes y con un gusto estándar. Frente a las miles de variedades de manzanas seleccionadas por los campesinos, por ejemplo, hoy apenas cuatro variedades comerciales (Golden, Fuji, Gala y Pink Lady) representan el 90% del mercado mundial. Y sin embargo, las variedades locales suponen un gran potencial para el futuro de nuestros ecosistemas agrícolas. De hecho, las variedades definidas como autóctonas o locales son el fruto de selecciones naturales y/o de comunidades humanas en áreas concretas (hablamos no solo de plantas y animales, sino también de seres más pequeños, por ejemplo levaduras y bacterias útiles para la producción de la cerveza o del queso). Se caracterizan por una buena adaptación a las condiciones ambientales de la propia área y, con frecuencia, tienen menor necesidad de elementos externos –como agua, fertilizantes y pesticidas- al ser más rústicas y, por tanto, más resistentes a las tensiones ambientales. que aquellas otras “estándar” .Por tanto, sus aspectos positivos se expresan al máximo en los contextos territoriales de origen, donde representan importantes recursos agrícolas y donde, con frecuencia, son esenciales para la soberanía alimenticia (como en el caso de áreas montañosas o desérticas).

No es casualidad, que a menudo estas variedades estén estrechamente ligadas a la cultura de las comunidades locales(usos, recetas, saberes, dialectos).

Es necesario ocuparse de biodiversidad doméstica (llamada también agrobiodiversidad). Nuevas variedades comerciales e híbridos vegetales .

Fue en los años cincuenta que la producción agrícola se orientó progresivamente hacia un número cada vez más restringido de especies y variedades, creadas para responder a las exigencias del mercado global y, por tanto, indiferentes al vínculo con los territorios específicos; capaces de ofrecer una buena producción en el mayor número posible de ambientes y climas, con una buena resistencia a manipulaciones y transportes y con un gusto estándar. La difusión de estas nuevas variedades comerciales, muy diferentes de las tradicionales autóctonas, han conducido a la homologación de los consumos y a la pérdida de mucho material genético cada vez más en peligro de extinción. El gran éxito de la manzana Golden, por ejemplo, uno de los arquetipos de variedad .

El gran éxito de la manzana Golden, por ejemplo, uno de los arquetipos de variedad comercial, esta ligado a su sabor “fácil”, sin aristas (es una manzana dulce y aromática). Más recientemente, y en particular en el ámbito de los cereales, se ha difundido la técnica de producción de híbridos comerciales, que requieren grandes inversiones monetarias y están destinados a maximizar los rendimientos y a estandarizar el producto. Los híbridos y las variedades comerciales están muy a menudo protegidos por una 16 patente. Esto no impide a cualquier agricultor (o a cualquier aficionado) el comprar semillas de esta variedad y cultivarlas. La patente significa que una cuota del precio pagado (royalties) irá a parar a su titular (que puede ser privado o público). Pero hay algo que los agricultores no pueden realizar cuando cultivan híbridos y/o variedades comerciales: no pueden obtener las semillas para el año siguiente de su propia cosecha. En efecto, la primera producción de las semillas adquiridas (denominada F1) será mejor que la de los padres de los que procede por cruce y tendrá, por tanto, las características deseadas en términos productivos y/o vegetativos. Pero si los agricultores recolectan la semilla (F1) para producir una segunda generación (F2), esta será una mezcla de tipos diversos entre sí, casi siempre peores que sus progenitores. Los agricultores, por lo tanto, han de comprar semillas nuevas cada año pagando “royalties”.