Reciclar el plástico no sirve. Eliminarlo de nuestras vida, si! Te decimos por qué.

Pasa la nota:

Actualmente nuestros océanos están llenos de basura plástica. Este material flexible, moldeable y resistente hoy está en casi toda nuestra vida, desde las computadoras, hasta la bolsa con la que llevamos nuestras compras a casa. Hemos abusado de este producto a tal punto que se calcula que más de 8 millones de toneladas de plástico son vertidas a nuestros océanos cada año: el  equivalente a un camión recolector de basura lleno de plástico vaciado a los océanos cada minuto.

La contaminación plástica está afectando a la biodiversidad. Más de 100 mil mamíferos marinos mueren al año a causa del consumo de sustancias plásticas que llenan sus estómagos, los intoxican u obstruyen las vías digestivas y respiratorias. Por otro lado el 90% de las aves marinas ha consumido este material en su vida y más de un millón de ellas mueren al año por esta causa. El ser humano tampoco se salva. En un reciente estudio de la Universidad de Nueva York se comprobó que el 93% de las aguas embotelladas poseen fibras plásticas que consumimos cada vez que bebemos agua embotellada.

La solución

En la más reciente cumbre mundial de los océanos -realizada en Playa del Carmen del 07 al 09 de marzo de 2018- se reunieron los mayores exponentes de la ciencia marina, los negocios y algunas organizaciones de la sociedad civil, como Greenpeace. Allí se enfatizó que los océanos no tienen tiempo para esperar soluciones a largo plazo, que el cambio debe ser ahora porque los ecosistemas marinos  no soportan más contaminación plástica, en lo que estamos totalmente de acuerdo.

Lamentablemente en lugar de buscar cómo eliminar su uso, la innovación de la industria se centra en nuevas formas de recolectar y reciclar el plástico para darle una nueva utilidad. Según ellos “Si el plástico se recicla, entonces ya no es de un solo uso”.

Nada más lejos de la realidad, desde su creación en la década de los 50, sólo el 9% del plástico ha sido reciclado. Actualmente se recicla menos del 35% de materiales de alta reciclabilidad y con potencial de negocio como lo es  el Polietileno tereftalato (PET); el resto irá a dar a rellenos sanitarios, se quemará liberando gases contaminantes que luego respiraremos o será tirado en cuencas y quebradas que posteriormente los ríos arrastrarán hasta el mar contribuyendo a esta contaminación.

La solución NO ES ÚNICAMENTE EL RECICLAJE, tampoco los bioplásticos, porque no producen un cambio de fondo y perpetúan un sistema de “consume-desecha” que nos tiene en esta problemática.

Crear falsas expectativas en el reciclaje pone demasiada presión y responsabilidad sobre el consumidor, quien tiene que realizar gran parte del trabajo, mientras que las empresas que nos venden sus productos en plástico evaden su responsabilidad. En México ni siquiera existe una ley de responsabilidad extendida que los obligue a recuperar el material contaminante que generan para comercializar sus mercancías.

La verdadera solución pasa por un  cambio de fondo en el sistema, que implica la innovación real por parte de las empresas  a fin de ofrecernos alternativas para adquirir sus productos de otra forma: canje de envases y retornabilidad, formas de venta y distribución diferente de los minoristas, y por supuesto que el plástico deje de verse como una cortesía que los negocios están obligados a dar y se vendan como un producto más, cuya responsabilidad de recolección cae directamente en las empresas que los producen y no en quienes los consumimos.

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