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La denuncia de Salma Hayek contra un poderoso productor. El lado oscuro de la Fama.

Hayek explica en su texto que no ha querido hablar antes porque no consideraba su voz importante después de que tantas personalidades hubieran contado su experiencia y porque lleva años omitiendo detalles a sus íntimos. El relato de Hayek no se centra tanto en lo que pasó a solas con Weinstein, sino en describir con detalle cómo se inicia y desarrolla una situación de acoso entre un hombre poderoso y una aspirante a actriz y productora. El contexto es la producción de la película Frida, un proyecto personal de Hayek, en 2002.

Hayek logró que Weinstein, por entonces jefe de Miramax, se hiciera cargo del proyecto. Fue a través de su amistad con el director Robert Rodríguez y su esposa entonces, la productora Elizabeth Avellan. “Sabiendo lo que sé hoy, me pregunto si fue mi amistad con ellos (y Quentin Tarantino y George Clooney) lo que me salvó de ser violada”, escribe.

Salma Hayek: Mi monstruo, Harvey Weinstein

Harvey Weinstein era un cinéfilo apasionado, alguien que tomaba riesgos, un promotor del talento fílmico, un padre amoroso y un monstruo.

Durante años, fue mi monstruo.

…  cuando mencioné de manera casual que había sido atosigada por personas como Harvey, no di todos los detalles. Y por qué durante tantos años había mantenido una relación cordial con un hombre que me hirió de manera tan profunda. Estoy orgullosa de mi capacidad para perdonar, pero el simple hecho de que estaba apenada por tener que describir los detalles de eso que había perdonado me hizo preguntarme si realmente había hecho las paces con ese momento de mi vida.

Cuando tantas mujeres dieron un paso al frente para describir lo que les hizo Harvey, tuve que enfrentarme a mi cobardía y aceptar humildemente que mi historia, aunque fuera tan importante para mí, no era más que una gota en un océano de pesar y confusión. Sentí que a estas alturas a nadie le iba a importar mi dolor; quizá era un efecto de todas esas veces que me dijeron, especialmente Harvey, que no era nadie.

Una de las fuentes de fortaleza que me dio la determinación para impulsar mi carrera fue la historia de Frida Kahlo…

… Había empezado el proceso para producir la película con otra compañía, pero luché para recuperarla y llevarla con Harvey.

Lo conocía un poco gracias a mi relación con el director Robert Rodriguez y la productora Elizabeth Avellan, quien era su esposa en ese entonces y quien me había acogido bajo su tutela tras hacer algunas películas con ella. Lo único que sabía de Harvey en ese momento era que tenía un gran intelecto, que era un amigo leal y que era un hombre de familia.

Con lo que sé ahora, me pregunto si no fue solo mi amistad con ellos —así como con Quentin Tarantino y George Clooney— lo que me salvó de ser violada.

El acuerdo que hicimos en un inicio era que Harvey pagaría por los derechos del trabajo que ya había empezado a desarrollar. Como actriz, me pagarían la tarifa mínima prevista por los tabuladores del Sindicato de Actores de Cine estadounidense y un 10 por ciento adicional. Como productora recibiría un crédito aún indefinido, lo que no era inusual para una productora en los años noventa. También pidió un acuerdo firmado para que hiciera otras películas con Miramax, lo que pensé iba a consolidarme como actriz protagónica.

No sabía que muy pronto yo tendría que decir no.

No a abrirle la puerta a cualquier hora de la noche en hotel tras hotel y locación tras locación donde se aparecía inesperadamente, incluido un sitio en el que estaba rodando una película en la que él ni siquiera estaba involucrado.

No a bañarme con él.

No a dejarlo que me viera bañarme.

No a dejarlo que me diera un masaje.

No a que un amigo suyo, desnudo, me diera un masaje.

No a dejarlo que me hiciera sexo oral.

No a desnudarme junto con otra mujer.

No, no, no, no, no…

Con cada rechazo surgía la ira maquiavélica de Harvey.

No creo que odiara nada más que la palabra “no”. Las demandas absurdas iban desde recibir una llamada iracunda a la mitad de la noche en la que me pedía que despidiera a mi agente por una pelea que tenían sobre una película distinta con otro cliente a sacarme de una gala de estreno en el Festival de Cine de Venecia, que fue organizada por Frida, para estar en una fiesta privada con él y unas mujeres que pensé que eran modelos pero después me enteré que eran prostitutas.

Sus tácticas de persuasión iban desde hablar dulcemente y prometer cosas hasta aquella vez que, en un ataque de ira, dijo las palabras más temibles: “Te voy a matar, no creas que no puedo”.

lee la carta completa, aquí: https://www.nytimes.com/es/2017/12/13/salma-hayek-harvey-weinstein/

¿Qué opinas del lado oscuro de la Fama? No hay excusa para que una mujer se quede callada, no… NO! ni por fama…