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El acceso al agua es el derecho más fundamental. Sin ella, ni la salud, ni la alimentación ni la sostenibilidad medioambiental están garantizadas

mares limpios

En 2015, Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible con 17 Objetivos (ODS), que abarcan desde la eliminación de la pobreza a la lucha contra el cambio climático y el acceso al agua potable y al saneamiento.

Solo a través de alianzas seremos capaces de lograr las metas y multiplicar el impacto de nuestras acciones. Estas alianzas también son esenciales para abordar los desafíos que actualmente existen en el ámbito del agua, como el de avanzar en el modelo de la actual regulación del sector. Necesitamos hacerla evolucionar y fortalecer a través de un regulador único como una solución fundamental para solventar, por ejemplo, los desequilibrios hídricos territoriales. Aspirar a una gobernanza acorde con las necesidades del sector y la ciudadanía requiere que el agua sea tema de Estado y que se alcancen los acuerdos que sean necesarios para asegurar el suministro de agua. Además, esa gobernanza es necesaria para disponer de más exigencia y más transparencia y cooperación entre todos los agentes implicados para dar respuesta a los retos que plantea el sector del agua.

Del mismo modo, necesitamos situar el conocimiento técnico en el centro de las decisiones y evitar, de esta manera, que posiciones ideológicas frenen el desarrollo y la implantación de soluciones efectivas a través de un modelo de éxito basado en la colaboración público-privada. Para ello, de nuevo, la gobernanza, la cooperación y un análisis riguroso de los retos a gestionar son esenciales para determinar cuál es el papel que debe asumir cada uno, así como cuáles son sus responsabilidades.

Todos debemos implicarnos en ello: las Administraciones Públicas, las universidades, el sector privado y los ciudadanos. Todos tenemos una responsabilidad, cada uno desde su ámbito. Juntos debemos articular respuestas ante cuestiones esenciales para la sostenibilidad del planeta, como son el cambio climático, la sequía, la inmigración o el aumento poblacional. Esas respuestas no solo deben generarse en el ámbito de país, sino que deben llegar y estar coordinadas con líneas de actuación impulsadas desde ámbitos supranacionales.

Por primera vez, el acceso universal al agua y al saneamiento tomaba su propio lugar en la agenda de la ONU (ODS 6) y lo hacía de forma ambiciosa. Pero, además, reconocía el recurso como inherente al logro efectivo del resto de los ODS, ya que su presencia es transversal en todos ellos (derecho a la alimentación, a la salud o al desarrollo en un medio ambiente en equilibrio). Ninguno puede ejercerse con plenitud si no existe la garantía previa del derecho al agua. Debemos recordar que todavía existen 2.000 millones de personas sin acceso y disponibilidad de agua potable en el hogar y 4.500 millones sin servicios de saneamiento seguros, según los datos de la Organización Mundial de la Salud y Unicef.