Agua del ártico a 94 euros la unidad, un producto de lujo que atenta contra la biodiversidad …

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Los expertos alertan de los riesgos medioambientales que causan las empresas que derriten trozos de icebergs para vender “agua de lujo”

La industria del agua se ha adentrado en el mercado del lujo y ya mira hacia los glaciares del planeta. La empresa Svalbardi ha empezado a vender este año agua sacada de icebergs del archipiélago de Svalbard (que pertenece a Noruega), en el Ártico, por aproximadamente 94 euros la botella de 750 mililitros.

Para muchos, pensar en un glaciar es recordar el deshielo de los polos por culpa del calentamiento global. Pero para otros, el glaciar les evoca la pureza de unas aguas que deben ser conquistadas. Y embotelladas. Es el caso de la empresa Svalbardi, que ha empezado a explotar los icebergs del archipiélago noruego de Svalbard para vender cada botella a 94 euros.

Esta “ocurrencia” que no hace ninguna gracia a los defensores del medioambiente, se le ocurrió a Jamal Qureshi, un profesional de las finanzas de Wall Street, de padre pakistaní y madre noruega, en un viaje al archipiélago, donde se hizo con hielo de un iceberg para entregárselo en botella a su mujer. “Lo llevé a casa para que mi mujer hiciera té con ese agua”, dijo para el Svalbard Posten.

Aunque el agua es un derecho humano, puede tener precio. De hecho, la exrrelatora de Naciones Unidas sobre el Derecho al Agua Potable y al Saneamiento, Catarina Albuquerque, sostiene que no tiene por qué ser gratis. Pero, ¿cuánto es razonable pagar por ella? ¿Es ético vender agua de un glaciar? Aunque estos icebergs estén en el territorio nacional de algún país, existe el debate de si, en realidad, deberían considerarse patrimonio de la humanidad.

El Gobierno de Tíbet aprobó, en 2015, licencias para que docenas de compañías chinas explotaran los glaciares del Himalaya para obtener agua embotellada premium. Diez importantes ríos que fluyen hacia el sur de Asia dependen de la meseta Qinghai-Tibet (donde está la montaña) e interrumpir su fuente podría tener “impactos devastadores” para la seguridad del agua en toda la región, según explica Lio Hongquiao, analista del programa China Water Risk.

 

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