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Trump en verdad se enojó por la negativa de venta de Groenlandia a favor de él…

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Groenlandia es la segunda isla más grande del mundo, cuenta con 2,2 millones de km² y 2,5 millones de km² de zona exclusiva económica (sus aguas con tanto pescado que no saben qué hacer con él). Groenlandia es aproximadamente grande como cuatro veces la Península Ibérica, pero con una población de unos 56.000 habitantes, es decir, como Ávila o Cuenca.

Y con el cambio climático, el país antaño cubierto de hielo, se abren nuevos espacios que facilitarían la extracción de numerosos materias primas, como hierro, zinc, rubis, uranio, diamantes y agua dulce (el 10 % de la reservas mundiales). Por esta y muchas razones, Trump desea comprar Groenlandia.

Por qué le interesa Groenlandia a Trump

También se especula que podría haber petróleo, pero lo que realmente interesa son las tierras raras que se usan en las baterías de los coches eléctricos y casi cualquier aparato electrónico con batería, desde el móvil hasta centrales eólicas, pasando por sistemas de defensa militares. Es algo que hasta se busca en España. El “problema” es que China es el primer productor mundial de tierras raras.

En 2018 han producido casi el 71 % de esos metales estratégicos. Y en cuanto a baterías de coches eléctricos goza de una hegemonía que preocupa a todos, especialmente a Europa.

Las tierras raras son una de las armas definitivas que esgrima China en la guerra comercial con Estados Unidos. China amenazó con cerrar el grifo. Y “casualmente” China ya tiene un pie en Groenlandia.

No es la primera vez, sin embargo, que Estados Unidos intenta comprar Groenlandia, un territorio autónomo dependiente de Dinamarca, país que le transfiere el 60% de su presupuesto anual y controla su política exterior y de defensa.

La idea fue considerada durante la década de 1860 por el entonces presidente Andrew Johnson. Un informe del Departamento de Estado de 1867 sugería que su localización estratégica, junto con la abundancia de recursos, la convertían en una adquisición ideal.

La reacción de Trump

Tras la noticia y el rechazo de la primera ministra de Dinamarca, Mette Fredriksen (que calificó la intención de “absurda”), Trump insistió en su objetivo, se enojó porque le negaron la isla y suspendió una visita que tenía programa al país. Así, elevó la tensión. Mientras tanto, los medios estadounidenses siguieron lo que pasaba muy de cerca y hasta consiguieron dar con la cifra que el presidente quería pagar.