Gobierno y empresas atentas ante fenómeno del Niño que provocará lluvias intensas en México hacia finales de 2026, y principios de 2027.
Ante el fenómeno del Niño, México podría enfrentar un escenario de mayor volatilidad climática, con lluvias superiores al promedio en algunas regiones, riesgo de inundaciones e interrupciones logísticas, así como presión sobre recursos hídricos y energéticos. Este contexto refuerza la importancia de incorporar el riesgo climático dentro de las estrategias de resiliencia, continuidad del negocio y toma de decisiones.
Para México, se identifica las siguientes proyecciones según las zonas geografías del territorio:
Verano 2026
- Posibles déficits de precipitación en regiones centro, sur y sureste durante julio-agosto.
- Mayor dependencia de la actividad ciclónica para recuperar acumulados de lluvia.
Centro de México
- Probabilidad elevada de precipitaciones superiores al promedio durante la fase madura de El Niño (noviembre 2026 a enero 2027).
Norte de México
- Mayor probabilidad de lluvias invernales superiores a la media.
- Incremento de eventos asociados a frentes fríos, tormentas invernales y ríos atmosféricos durante el invierno 2026-2027.
¿Qué es el fenómeno del niño?
Es un fenómeno natural que ocurre cada dos o siete años, en donde se hace presencia de una fasé cálida del ciclo natural del clima en el planeta. Este fenómeno se desarrolla en el Océano Pacífico.
Principales efectos del fenómeno del niño
Lluvias a inundaciones
Sequías e incendios
Calor extremo
Impacto del fenómeno del Niño en las empresas
Para las organizaciones, sus posibles consecuencias van más allá de las condiciones meteorológicas: los eventos climáticos extremos pueden generar efectos en cascada que afecten el suministro de energía, la infraestructura, las redes de transporte, la logística y la disponibilidad de insumos críticos.
“El riesgo climático ya no puede analizarse únicamente en términos del daño potencial a instalaciones o activos. Para las empresas, sus efectos pueden extenderse a proveedores, rutas logísticas, energía y otros procesos críticos para mantener una operación. Ante un entorno de mayor volatilidad climática, el reto es comprender esas interdependencias y anticipar su potencial impacto operativo y financiero”, señaló Daniel Paris, Head of Global Risk Consulting para Latinoamérica en Aon.
El análisis señala que actualmente se registra un fenómeno del Niño muy fuerte, con probabilidad de alcanzar niveles récord, y se espera que continúe fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y enero. Si bien una mayor intensidad incrementa la probabilidad de impactos posteriores en América Latina, sus efectos específicos no están garantizados y pueden variar considerablemente entre países y regiones.
En América Latina, Aon identifica entre los sectores críticos a la agroindustria, logística y transporte, energía y telecomunicaciones, debido a su dependencia de recursos naturales, infraestructura física y redes interconectadas.
Esta interdependencia hace necesario que las organizaciones incorporen el riesgo climático dentro de sus decisiones estratégicas, en lugar de abordarlo exclusivamente como un riesgo físico o una contingencia de corto plazo.
Teniendo como marco de referencia el NOAA y Copernicus apunta a un escenario donde México enfrentará durante finales de 2026 y comienzos de 2027:
- Mayor actividad ciclónica en el Pacífico.
- Incremento de precipitaciones en el centro y norte del país.
- Riesgo significativo de inundaciones urbanas y fluviales.
- Interrupciones logísticas y portuarias.
- Mayor volatilidad en energía y recursos hídricos.
- Posibles pérdidas relevantes en daño material y paralización de negocios en manufactura, logística, puertos, energía y agroindustria.
Las catástrofes mantienen un impacto financiero significativo
La necesidad de fortalecer estas capacidades ocurre en un contexto en el que las catástrofes naturales continúan generando impactos económicos relevantes a nivel mundial.
De acuerdo con el Global Catastrophe Recap – First Half of 2026 de Aon, las pérdidas económicas por desastres naturales globales alcanzaron aproximadamente 111,000 millones de dólares durante el primer semestre de 2026. Aunque esta cifra se ubicó 25% por debajo del promedio del siglo XXI, durante el periodo se registraron 23 eventos con pérdidas económicas de al menos 1,000 millones de dólares, en línea con el promedio histórico.
Las pérdidas aseguradas globales alcanzaron aproximadamente $47,000 millones USD, mientras que la brecha global de protección —la proporción de las pérdidas económicas que no estaba cubierta por seguros— se mantuvo alrededor de 57%.
En México, la tormenta tropical Boris generó pérdidas económicas estimadas en millones de dólares durante junio, de acuerdo con el reporte.
Frente a este escenario, Aon señala que las organizaciones deben avanzar de una gestión reactiva hacia un enfoque de anticipación y resiliencia. Esto implica identificar los activos y operaciones con mayor exposición, mapear vulnerabilidades en proveedores y rutas logísticas, y fortalecer los planes de continuidad del negocio para mantener procesos críticos ante posibles interrupciones.
A la preparación operativa debe sumarse una perspectiva financiera: evaluar la cobertura de seguros y los posibles impactos bajo distintos escenarios climáticos, así como incorporar inteligencia climática y sistemas de alerta temprana que permitan detectar cambios en las condiciones de riesgo y activar medidas de respuesta con mayor anticipación. De esta manera, las empresas pueden vincular la gestión del riesgo climático con decisiones sobre continuidad, inversión y protección financiera.


