Saltar al contenido

Cómo guiar una ciudad hacia la resilencia

La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversas. Sin embargo, el concepto ha experimentado cambios importantes desde la década de los 60. Pero, ¿Cómo tener ciudades resilentes?

Pequeñas o grandes, las ciudades de todo el mundo tienen desafíos comunes, especialmente aquellos provocados por la rápida urbanización y el cambio climático.  El desarrollo no se detiene, y se ha pasado por alto el progreso sustentable y la infraestructura inteligente. Las ciudades resilentes son aquellas que ya están preparadas para el Cambio Climático por sus importantes inversiones y adaptaciones para mejor movilidad, más ecologia, buen aprovechamiento de recursos y responsabilidad en la gestión de desechos.

Las Naciones Unidas estiman que más de 4 mil millones de personas – más de la mitad de la población global – viven en centros urbanos. Para 2050, más de dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades, lo que generará una creciente demanda de viviendas más accesibles, la necesidad de sistemas de transporte bien conectados y otras infraestructuras y servicios, así como empleos. A este contexto se le suman los retos de una subida de las temperaturas mundiales, que intensificará los riesgos de aumento de los niveles del mar, deslizamientos de tierra, sequías, huracanes y otros fenómenos cuyos desastres podrían llevar a 100 millones de personas a la pobreza extrema. En Italia ya está pasando: Venecia se está hundiendo.

La buena noticia es que, con el conocimiento y la creatividad, los centros urbanos están encontrando formas de abordar problemas nuevos y viejos con menos pérdidas y una mayor capacidad de recuperación. En otras palabras, creando resiliencia.

Cómo es una ciudad resilente

Menos cemento, más árboles

Desde China hasta Paraguay pasando por París, el aumento de espacios verdes es una tendencia. Entre otros beneficios, capturan carbono y mejoran la calidad del aire. Todo esto es bienvenido en ciudades chinas como Ningbo, que logra mantener más de 40 kilómetros cuadrados de áreas protegidas, aunque tenga una población de 8 millones de personas.

En América Latina, Asunción pretende establecer un corredor urbano verde, con al menos 35 mil hectáreas, para cuidar mejor su biodiversidad, especialmente las aves. El proyecto se encuentra en la fase preliminar.

Los parques también ayudan a suavizar el calor, algo que se necesita en una ciudad como Caruaru (Brasil), donde se construirá un parque lineal (más largo que ancho) con un carril bici que comprende 14 vecindarios y con el potencial de beneficiar a 140,000 personas.

Juntas, estas medidas crean oportunidades para que las ciudades generen un crecimiento verde, bajo en carbono y competitivo, y para construir sociedades que sean resilientes, inclusivas y habitables.

Gestión de residuos

Los patios de compostaje, los ecopuntos de eliminación de residuos de construcción y demolición (como los de São Paulo y Caruaru) o simplemente la mejora de los sistemas de saneamiento urbano (como en los barrios más precarios de Abiyán, Costa de Marfil) se encuentran entre las diversas soluciones que se pueden adoptar por ciudades de todo el mundo.

Estas ideas no siempre son fáciles de implementar y pueden ser costosas, pero el costo de la inercia tiende a ser mucho mayor tanto para el medio ambiente como para los pobres, según el informe del Banco Mundial.

Listos para el Cambio Climático

En los países desarrollados, hay planes muy ambiciosos. París, por ejemplo, se ha comprometido a ser una ciudad de cero emisiones para 2050 y ha establecido 500 medidas en varios sectores (construcción, transporte, energía, alimentación, etc.). Estas incluyen el objetivo de usar solo energía verde (biomasa, eólica y solar) y prohibir los automóviles diésel para 2024 y todos los automóviles a petróleo para 2030.