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De qué va la contaminación atmosférica

La contaminación atmosférica es un término general para describir la presencia de varios componentes químicos en el aire. Los gases invisibles, como el ozono o el monóxido de carbono, se mezclan con pequeñas partículas o pequeñas gotas de líquidos en la atmósfera. Es imposible visualizar cada molécula a simple vista, pero cuando se juntan trillones de partículas las podemos visualizar en forma de neblina.

La mezcla de los componentes químicos puede diferir en cada caso y los científicos todavía no entienden cómo nos afecta cada tipo de contaminación, puesto que cada persona responde de forma diferente a la exposición a la contaminación atmosférica: hay personas que apenas tienen síntomas, mientras que otras, como los niños asmáticos, se pueden poner muy enfermas. Es más, el tipo de contaminación en un lugar cambia con el tiempo y puede ser diferente tanto en cuestión de horas como de forma gradual a lo largo de varios meses.

Agentes contaminantes

El aumento de la contaminación en el aire a corto plazo causado por, por ejemplo, demasiado tráfico en hora punta, puede hacer que enfermemos. Sin embargo, existen agentes contaminantes, como el ozono, que normalmente solo se manifiestan durante los periodos más calurosos y soleados del año. Es más, la cantidad de ozono en el aire sube y baja a lo largo del día, normalmente alcanzado el punto más alto por la tarde y el punto más bajo por la mañana.

Aunque se trata de fuentes de contaminación atmosférica importantes, existen muchas más. La contaminación del aire incluye tanto componentes químicos que los humanos ponen en la atmósfera como otros que se producen por causas naturales. Por ejemplo, los incendios forestales son una fuente importante de contaminantes en el aire que afectan a muchas comunidades y el polvo levantado por el viento también puede contribuir a una mala calidad del aire.

¿Cómo podemos saber si la contaminación atmosférica nos está perjudicando?

No existe una respuesta fácil porque la contaminación atmosférica es un problema del que apenas somos conscientes y puede provocar muchos problemas de salud. Mucha gente es asmática o tiene enfermedades pulmonares, ataques al corazón o cáncer y todas estas enfermedades se pueden vincular a la exposición a las partículas contaminantes. Las mejores pruebas hasta la fecha sugieren que cuánto más altos sean los niveles de contaminación, peor van a ser los efectos sobre nuestra salud.

Desafortunadamente estas enfermedades pueden tener muchas otras causas: una mala alimentación, la genética, el acceso a atención sanitaria de calidad o el tabaco, por ejemplo. Esto hace que sea mucho más difícil establecer la causa de una enfermedad que puede estar relacionada con la contaminación atmosférica.

Cada estudio sobre los efectos en la salud nos da un resultado ligeramente diferente al resto porque cada estudio analiza un grupo diferente de personas y con diferentes tipos de contaminación. Normalmente los científicos basan sus resultados en las posibilidades de desarrollar una enfermedad a partir de la contaminación en el aire o en los cambios en la posibilidad de desarrollar una enfermedad en concreto.

Por ejemplo, un estudio de Taiwán examinó las tasas de concentración de partículas contaminantes durante dos años y los investigadores se dieron cuenta de que por cada 10 microgramos por metro cúbico las posibilidades de desarrollar problemas relacionados con la hipertensión aumentaban aproximadamente un 3%. Esto podría sugerir que un aumento de la concentración de la contaminación en una comunidad de población podría llevar a un aumento de los casos de hipertensión.

Por el contrario, los científicos normalmente dan por hecho que una menor contaminación atmosférica implica menos enfermedades.

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Una persona adulta normal respira unas 20.000 veces al día. La posibilidad de enfermar por la contaminación en el aire depende de la cantidad y del tipo de componentes químicos que inhales y de lo propenso que seas a desarrollar dichas enfermedades.

Para una persona que viva en una ciudad con tanta contaminación como Nueva Delhi, por ejemplo, esas 20.000 respiraciones diarias equivalen a 20 gramos de sal de mesa en partículas contaminantes que se depositan en sus pulmones cada día. Aunque no parezca demasiado, hay que tener en cuenta que estas partículas no son inofensivas como la sal: se trata de una mezcla de componentes químicos procedentes de materiales en combustión, combustibles no consumidos, metales e incluso material biológico.

En EE.UU y Europa se ha avanzado mucho en materia de reducción de la concentración de contaminación atmosférica durante las últimas décadas, sobre todo a través de normativas efectivas para regular la calidad del aire.

Sin embargo, a día de hoy en Estados Unidos, donde se están desmantelando de forma metódica las leyes medioambientales, existe una gran preocupación porque los políticos simplemente están optando por ignorar la realidad científica. Uno de los nuevos miembros del consejo asesor de la Agencia de Protección Medioambiental en dicho país es Robert Phalen de la Universidad de California y ha sugerido que “el aire moderno es demasiado limpio para una salud óptima”

Sus palabras se contradicen con miles de artículos científicos y definitivamente se equivoca. Aunque algunos de los componentes presentes en la contaminación del aire apenas tienen efectos sobre la salud de las personas, no debería ser un dato para disuadirnos de los efectos nocivos de la contaminación atmosférica. Se trata de una táctica común para confundir a la gente basándose en datos no relevantes y presumiblemente con fines políticos.

Los datos no mienten: la exposición a la contaminación atmosférica es letal y provoca muertes en todo el mundo. Se trata de algo que debería importarnos a todos.

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