Saltar al contenido

El metano y el CO2 son los gases que nos están contaminando.

Reducir el CO2 es el gran desafío del cambio climático, pero los científicos observan el aumento de un gas aún más dañino para el clima: el metano.

Los objetivos del Acuerdo de París de 2015 son ambiciosos: reducir un máximo de dos grados de calentamiento global en comparación con los tiempos preindustriales, e incluso solo 1.5 grados. Dentro de un tiempo relativamente corto, los países tendrían que reducir radicalmente las emisiones de gases de efecto invernadero para tener éxito.

Hasta ahora, el dióxido de carbono (CO2) ha sido especialmente el foco de atención. Los científicos de todo el mundo alertan: el otro importante gas de efecto invernadero, el metano (CH4), ha aumentado con fuerza en la atmósfera en los últimos años. Una desagradable sorpresa.

En colaboración con científicos de todo el mundo, el investigador Euen Nisbet, de la Universidad de Londres, descubrió un gran aumento de metano en los últimos 12 años. “Fue totalmente inesperado”, dice. “¿Qué demonios pasó?”, se pregunta.

El metano juega un papel crucial en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, el gas natural utilizado para la calefacción es casi completamente CH4. Además, la atmósfera terrestre contiene de forma natural una pequeña cantidad del gas incoloro e inodoro, mucho menos que CO2.

“En la atmósfera representa dos millonésimas”, explica Nisbet. En un millón de litros de aire, por lo tanto, hay dos litros de metano. El gas se produce naturalmente en pantanos y otros humedales. Las vacas y otros rumiantes también producen mucho metano. La naturaleza tiene mecanismos para degradar naturalmente el CH4, por lo que la concentración de este gas en la atmósfera no debería aumentar de manera tan repentina y fuerte como lo hace en este momento.

Peor que el CO2

En las décadas de 1990 y 2000, la cantidad de metano permaneció casi constante en la atmósfera, y a veces incluso disminuyó. Solo desde 2007, se observa un nuevo aumento fuerte. Y desde 2014 uno muy fuerte.

Esto podría ser un problema. “El metano es un gas de efecto invernadero muy fuerte, mucho más fuerte que el CO2″, dice Nisbet. Este gas tarda unos 12 años en descomponerse de forma natural, aunque mucho más rápido que el CO2, que toma 120. El metano también absorbe más calor. Los científicos presumen que el metano es aproximadamente 25 veces más potente que el dióxido de carbono. Pequeñas cantidades causan un gran efecto invernadero.